SEGUIDILLAS DE LANZAROTE
LANZAROTE
Análisis musical.
La variante de la isla de los volcanes es marcada y enérgica, y guarda importantes
similitudes estéticas con seguidillas barrocas como "Dime que te quexas" de Luis de
Briceño, quizás una posible reminiscencia que nos sitúe sobre la pista de las sinergias de
aculturación entre los planos popular y académico en la Canarias de la Edad Moderna. Es
un género tonal a menudo interpretado en las tonalidades de do o re mayor. Además, nos
constan intérpretes que de manera consciente afinan en torno a los 415 Hz. Las melodías,
habitualmente protagonizadas por las voces masculinas, son agudas, sencillas y de rango
corto (en torno a la quinta justa). Se podría decir que existe una menor propensión a la
ornamentación y al melisma, aunque podemos encontrar desplazamientos del ictus
musical y la formación de síncopas, elementos poco comunes en la música de transmisión
oral del archipiélago. El esquema armónico es (IV - I - IV - V - I) modulación a 4ª
descendente I - V - I modulación a cuarta ascendente IV - I - V - I. El compás es de 4 +
2/4, y el tempo, aunque variable en función de la localidad, suele orbitar entre los 160 y
los 200 bpm. Desde el punto de vista formal hablamos de una pieza repetitiva, en la cual
los solistas no se solapan, sino que se suceden uno detrás de otro. Eso sí, contamos con
una introducción instrumental a cargo de la sección de plectros, característica compartida
por la mayoría de géneros de la isla. A nivel textural es observable cierta tendencia a la
homofonía, es decir, a que todos los instrumentos desempeñen la misma figuración
métrica, si bien esta condición no se cumple con todas las capas del ensamble. La poca
polifonía audible entre los plectros es a nuestro juicio una suerte de neologismo. La
ornamentación melódica recae en mandolinas y mandolas, con alguna aparición
esporádica de bandurrias y laúdes. El acompañamiento armónico lo llevan a cabo timples,
guitarras, requintos, y, en algunos casos, guitarras de tiro corto. Pandereta, lapas y
eventualmente castañuelas completan la agrupación tradicional. El texto se distribuye en
estrofas formadas por versos heptasílabos y pentasílabos dispuestos de manera alterna y
con rima A B A B o A B C B.
Historia.
Como figura poético-musical, las seguidillas parecen tener su origen a finales de
la Edad Media, de ahí su presencia en códices como el Cancionero de Palacio de los Reyes
Católicos. Sin embargo, será en los siglos XVII y XVIII que se consolidará como canción
popular y danza española, extendiéndose por toda la Península Ibérica y adoptando
diferentes variantes regionales en territorios como La Mancha, Andalucía, Murcia,
Canarias e Hispanoamérica. Tal fue su popularidad, que una vez más este género
trasciende el ámbito popular para incorporarse al académico en forma de entremeses y
tonadillas escénicas, y canciones y arias de zarzuela y ópera. En Canarias este género
goza de tal aceptación y difusión que incluso en la actualidad se conserva una decena de
variantes musicalmente bien diferenciadas. Las particularidades de cada subgénero están
contempladas en el análisis musical de cada versión. A finales del siglo XIX son abrazadas
por el compositor Teobaldo Power, imbuido por la corriente estética del Romanticismo
Nacionalista a través de su célebre obra Cantos Canarios (1880). Más adelante, durante
la dictadura, son ampliamente representadas en los concursos y certámenes de Coros y
Danzas organizados por la Sección Femenina de la Falange y el aparato propagandístico
del régimen, siendo habitual su adición a otros géneros de carácter contrastante, como las
folías o el tajaraste. Son de obligada mención las seguidillas de "el salinero" Víctor
Fernández Gopar en la isla de Lanzarote, un trabajador de las salinas que se sirve de esta
añeja figura estrófica para plasmar su inconformidad ante los terribles atropellos e
injusticias de la burguesía conejera para con las clases humildes. Un claro ejemplo de
cómo arquetipos asimilados por un determinado nicho social pueden y suelen adaptarse
a nuevas necesidades y contextos.
Apunte antropológico.
Las seguidillas pertenecen al folklore festivo, es decir, aquel cuyo paradigma sirve
al propósito de la diversión y de las relaciones sociales. En una clara similitud con las
versiones ibéricas, las seguidillas canarias acostumbran a destinar el texto a multitud de
temas, destacando por encima de todos la función amorosa y la controversia hombre-
mujer. Tal y como hemos visto en el apunte histórico, las seguidillas también han servido
como vehículo para el nacionalismo o la reivindicación, si bien parecen ser exabruptos
dentro del devenir general del género.


