SEGUIDILLAS MANCHEGAS
TENERIFE
Análisis musical.
De prosodia elegante y pausada, las seguidillas manchegas de Tenerife representan
una importante incógnita para el trabajo musicológico. Su nombre y la peculiaridad de su
estética suponen un endemismo dentro del corpus de la música de transmisión oral
canaria. En cualquier caso, parecen estar íntimamente ligadas a figuras célebres como
África Alonso y la familia Ramos de La Punta del Hidalgo. Las primeras melodías
liberadas por Manuel y Sebastián Ramos tienden a ser sencillas, poco propensas al
ornamento y de rango corto; aunque otras reproducciones más recientes por mano de otros
intérpretes presentan una mayor tendencia al ornamento y al melisma. Esta pieza tonal
habitualmente interpretada en torno a la tonalidad de re mayor presenta el siguiente
esquema armónico (I - V) - I - III - IV - V - (I - V) - I. El compás es de 4 + 2/4. El tempo
orbita los 180 bpm. La estructura formal es bastante sencilla, una sucesión de coplas de
principio a fin precedida por una introducción instrumental. La textura es heterofónica,
es decir, los diferentes actores del ensamble desempeñan figuraciones métricas distintas.
Tal y como ocurre con muchos géneros del folklore, las seguidillas manchegas son una
monodia acompañada, donde a lo sumo podemos observar algo de polifonía entre los
plectros. Dejando arreglos y versiones modernas a un lado, la parte vocal va a estar
exclusivamente protagonizada por un único solista. El texto se distribuye en estrofas
formadas por cuatro versos heptasílabos y pentasílabos dispuestos de manera alterna con
rima A B A B o A B C B.
Historia.
Como figura poético-musical, las seguidillas parecen tener su origen a finales de
la Edad Media, de ahí su presencia en códices como el Cancionero de Palacio de los Reyes
Católicos. Sin embargo, será en los siglos XVII y XVIII que se consolidará como canción
popular y danza española, extendiéndose por toda la Península Ibérica y adoptando
diferentes variantes regionales en territorios como La Mancha, Andalucía, Murcia,
Canarias e Hispanoamérica. Tal fue su popularidad, que una vez más este género
trasciende el ámbito popular para incorporarse al académico en forma de entremeses y
tonadillas escénicas, y canciones y arias de zarzuela y ópera. En Canarias este género
goza de tal aceptación y difusión que incluso en la actualidad se conserva una decena de
variantes musicalmente bien diferenciadas. Las particularidades de cada subgénero están
contempladas en el análisis musical de cada versión. A finales del siglo XIX son abrazadas
por el compositor Teobaldo Power, imbuido por la corriente estética del Romanticismo
Nacionalista a través de su célebre obra Cantos Canarios (1880). Más adelante, durante
la dictadura, son ampliamente representadas en los concursos y certámenes de Coros y
Danzas organizados por la Sección Femenina de la Falange y el aparato propagandístico
del régimen, siendo habitual su adición a otros géneros de carácter contrastante, como las
folías o el tajaraste. Son de obligada mención las seguidillas de "el salinero" Víctor
Fernández Gopar en la isla de Lanzarote, un trabajador de las salinas que se sirve de esta
añeja figura estrófica para plasmar su inconformidad ante los terribles atropellos e
injusticias de la burguesía conejera para con las clases humildes. Un claro ejemplo de
cómo arquetipos asimilados por un determinado nicho social pueden y suelen adaptarse
a nuevas necesidades y contextos.
Apunte antropológico.
Las seguidillas pertenecen al folklore festivo, es decir, aquel cuyo paradigma sirve
al propósito de la diversión y de las relaciones sociales. En una clara similitud con las
versiones ibéricas, las seguidillas canarias acostumbran a destinar el texto a multitud de
temas, destacando por encima de todos la función amorosa y la controversia hombre-
mujer. Tal y como hemos visto en el apunte histórico, las seguidillas también han servido
como vehículo para el nacionalismo o la reivindicación, si bien parecen ser exabruptos
dentro del devenir general del género.


