SEGUIDILLAS Y SALTONAS DE TENERIFE
TENERIFE
Análisis musical.
En la isla de Tenerife, las seguidillas y saltonas tienden a ser ligeras y alegres. Se trata de una pieza tonal que suele orbitar las tonalidades de re mayor y la mayor, encontrándose la modulación entre ambas tonalidades en el ecuador de la copla. Las melodías de los instrumentos solistas rara vez exceden el rango de la octava y media, y acostumbran a estar presentadas de manera sencilla y con poca ornamentación más allá del trémolo. Las melodías vocales, en cambio, dejan un rosario de adornos agógicos como son los melismas y los golpes glóticos. El esquema armónico más habitual es (I - V) - I modulación a 4ª descendente (I - V) - I - modulación a cuarta ascendente, es decir, (Re - La7) - Re - (La - Mi7) - La - Re; siendo habituales los pasos por dominantes secundarias en el momento de la modulación. El compás es de 4 + 2/4, quedando los acentos en el primer y el quinto pulso, y normalmente el tempo excede los 200 bpm. Desde el punto de vista formal hablamos de una pieza bipartita en la que se compendian dos variantes diferentes de seguidilla; la primera, de nombre homónimo, más lenta y de danza algo más pausada; la segunda recibe el nombre de saltonas en referencia a su grácil danza. La estructura es repetitiva: los solistas se suceden uno detrás de otro hasta que se cambia de variante y vuelta empezar. A nivel textural encontramos la misma disposición que en el resto del folklore de cuerdas tinerfeño. Violín, acordeón, laúdes y bandurrias asumen el acompañamiento melódico, mientras que timples y guitarras harán lo propio con el armónico. Pandereta, bombo, caña estriada y huesera protagonizan la sección de percusión. Encontramos en esta isla dos tendencias en lo referente a la textura instrumental, una más homofónica en la que casi todos los instrumentos tienden a reproducir la figuración métrica de la melodía de los plectros, y una segunda más heterofónica, aparentemente restringida a la comarca noreste, en la que los instrumentos de la nube armónica parecen tener un discurso más marcado y coincidente con los pulsos del compás. Es habitual la polifonía entre los instrumentos de púa y en el área de solapamiento entre un solista y otro. En este último espacio cada solista cantará en su tesitura, siendo habitual la formación de terceras y sextas. El texto se distribuye en cuatro versos heptasílabos y pentasílabos dispuestos de manera alterna con rima A B A B o A B C B, siguiendo un régimen de repeticiones algo complejo que exponemos con el siguiente ejemplo: (Solista 1) Se sube el viento, se sube el viento, se sube el viento, a la torre más alta, se sube el viento, pero más alto sube, mi pensamiento, (Solistas 1 y 2) mi pensamiento, mi pensamiento, (Solista 2) mi pensamiento, ¿"de "cuálas" quieres niña? ¿de "cuálas" quieres? si de las amarillas o de las verdes, (Solistas 2 y 3) o de las verdes, o de las verdes.
Historia.
Como figura poético-musical, las seguidillas parecen tener su origen a finales de la Edad Media, de ahí su presencia en códices como el Cancionero de Palacio de los Reyes Católicos. Sin embargo, será en los siglos XVII y XVIII que se consolidará como canción popular y danza española, extendiéndose por toda la Península Ibérica y adoptando diferentes variantes regionales en territorios como La Mancha, Andalucía, Murcia, Canarias e Hispanoamérica. Tal fue su popularidad, que una vez más este género trasciende el ámbito popular para incorporarse al académico en forma de entremeses y tonadillas escénicas, y canciones y arias de zarzuela y ópera. En Canarias este género goza de tal aceptación y difusión que incluso en la actualidad se conserva una decena de variantes musicalmente bien diferenciadas. Las particularidades de cada subgénero están contempladas en el análisis musical de cada versión. A finales del siglo XIX son abrazadas por el compositor Teobaldo Power, imbuido por la corriente estética del Romanticismo Nacionalista a través de su célebre obra Cantos Canarios (1880). Más adelante, durante la dictadura, son ampliamente representadas en los concursos y certámenes de Coros y Danzas organizados por la Sección Femenina de la Falange y el aparato propagandístico del régimen, siendo habitual su adición a otros géneros de carácter contrastante, como las folías o el tajaraste. Son de obligada mención las seguidillas de "el salinero" Víctor Fernández Gopar en la isla de Lanzarote, un trabajador de las salinas que se sirve de esta añeja figura estrófica para plasmar su inconformidad ante los terribles atropellos e injusticias de la burguesía conejera para con las clases humildes. Un claro ejemplo de cómo arquetipos asimilados por un determinado nicho social pueden y suelen adaptarse a nuevas necesidades y contextos.
Apunte antropológico.
Las seguidillas pertenecen al folklore festivo, es decir, aquel cuyo paradigma sirve al propósito de la diversión y de las relaciones sociales. En una clara similitud con las versiones ibéricas, las seguidillas canarias acostumbran a destinar el texto a multitud de temas, destacando por encima de todos la función amorosa y la controversia hombre-mujer. Tal y como hemos visto en el apunte histórico, las seguidillas también han servido como vehículo para el nacionalismo o la reivindicación, si bien parecen ser exabruptos dentro del devenir general del género.
